Skip to main content

Hay una frase que se repite cada vez con más fuerza en redes: “2026 es el nuevo 2016”. No es solo un meme ni una nostalgia gratuita. Es una sensación compartida, casi colectiva, de querer volver a un momento que hoy recordamos como más libre, más caótico y, curiosamente, más feliz.

Entre 2016 y 2019 todo parecía menos calculado. No nos daba pena usar colores intensos, mezclar estampados imposibles o salir a bailar sin pensar en cómo se vería en cámara. Éramos menos conscientes de la estética y más conscientes del momento. No existía la obsesión por lo “perfectamente curado”. Bastaba con vivir.

Entonces, ¿por qué hoy miramos esos años con tanta añoranza?