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La haute couture siempre ha sido un territorio exclusivo, casi mítico. Un espacio donde el tiempo se mide en horas de trabajo manual, donde el cuerpo es el centro y la prenda una obra irrepetible. Esta temporada en París, lejos de sentirse como un ritual fuera de época, la alta costura se está mostrando más viva que nunca.Las propuestas vistas hasta ahora no solo celebran el oficio, sino que lo reinterpretan desde la emoción, la modernidad y la necesidad urgente de volver a creer en la magia de la moda.

Entre romanticismo, teatralidad, herencia y experimentación, cuatro casas lograron algo poco común: dejarnos literalmente con la boca abierta.