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Durante años repetimos que la ropa comunica. Que un vestido habla, que una silueta grita, que un look revela quién sos. Pero la realidad es más compleja y más interesante que eso.

La ropa, por sí sola, no dice nada. No tiene intención, ni voz, ni postura. Es tela, corte, archivo, referencia. El verdadero mensaje aparece recién cuando alguien decide ponérsela.

La comunicación no vive en la prenda. Vive en la elección. Un vestido colgado en un perchero es solo un objeto. Un vestido sobre un cuerpo es una declaración.

Incluso los momentos más icónicos de la moda no lo son solo por lo que se llevó puesto, sino por quién lo llevó y cuándo.

El famoso “revenge dress” de Diana, Princesa de Wales  no era revolucionario por su diseño, sino por el mensaje que ella eligió enviar con él: control, libertad, presencia.

La moda no es un mensaje cerrado. Es un idioma abierto.La prenda es la palabra. La persona es quien construye la frase, el tono y el significado. Por eso dos personas pueden usar exactamente lo mismo y decir cosas opuestas. Por eso el estilo no se compra. Se construye. Y por eso no se trata de qué llevás puesto, sino de qué decidís comunicar cuando lo llevás.

La ropa no tiene voz. La voz sos vos.