Durante años repetimos que la ropa comunica. Que un vestido habla, que una silueta grita, que un look revela quién sos. Pero la realidad es más compleja y más interesante que eso.
La ropa, por sí sola, no dice nada. No tiene intención, ni voz, ni postura. Es tela, corte, archivo, referencia. El verdadero mensaje aparece recién cuando alguien decide ponérsela.
La comunicación no vive en la prenda. Vive en la elección. Un vestido colgado en un perchero es solo un objeto. Un vestido sobre un cuerpo es una declaración.
Pensemos en el vestido con el que Marilyn Monroe cantó Happy Birthday, Mr. President. No era solo un diseño ajustado y brillante. Era el contexto, la cercanía al poder, el susurro convertido en espectáculo.Ese vestido comunicaba porque Marilyn lo habitaba con su voz, su historia y su momento político.
Años más tarde, el mismo vestido apareció sobre Kim Kardashian. La misma pieza. El mensaje no. Ahí ya no hablaba de intimidad ni de fragilidad, sino de archivo, de cultura pop, de acceso, de quién puede tocar la historia y cómo. La prenda no cambió. Cambió quien la usaba.
Ese es el punto exacto donde la moda deja de ser objeto y se vuelve lenguaje.
Lo mismo pasa con un traje negro. Puede comunicar duelo, poder, elegancia, anonimato o rebeldía.
Depende del cuerpo. Depende del momento. Depende de la intención.
Un uniforme puede ser símbolo de orden o de opresión. Un vestido blanco puede ser pureza o provocación. Un jean roto puede ser descuido o lujo calculado.
Nada de eso está en la prenda. Todo eso está en quien la porta.
Por eso la moda no funciona como el arte tradicional. Una obra colgada en un museo está diseñada para comunicar desde la quietud.Un vestido, en cambio, necesita un cuerpo para activarse. Movimiento, gesto, mirada, contexto social.
Incluso los momentos más icónicos de la moda no lo son solo por lo que se llevó puesto, sino por quién lo llevó y cuándo.
El famoso “revenge dress” de Diana, Princesa de Wales no era revolucionario por su diseño, sino por el mensaje que ella eligió enviar con él: control, libertad, presencia.
La moda no es un mensaje cerrado. Es un idioma abierto.La prenda es la palabra. La persona es quien construye la frase, el tono y el significado. Por eso dos personas pueden usar exactamente lo mismo y decir cosas opuestas. Por eso el estilo no se compra. Se construye. Y por eso no se trata de qué llevás puesto, sino de qué decidís comunicar cuando lo llevás.
La ropa no tiene voz. La voz sos vos.




