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Antes de ser un derecho cotidiano, el voto fue un acto de coraje. En Costa Rica, la democracia que hoy ejercemos nació incompleta y fue transformada gracias a mujeres que se atrevieron a desafiar el orden establecido. Esta es la historia de ellas y una invitación a no olvidar por qué votar importa.

Una democracia que dejó fuera a la mitad

A inicios del siglo XX, Costa Rica se consolidaba como una república estable, con elecciones periódicas y un discurso democrático que la distinguía en la región. Sin embargo, esa democracia tenía una ausencia evidente: las mujeres no podían votar ni participar plenamente en la vida política.

La exclusión no era casual ni temporal. Estaba sostenida por leyes, prejuicios y una cultura que asumía que la mujer debía limitarse al ámbito doméstico. Se decía que la política era demasiado compleja, demasiado ruda o demasiado impropia para ellas. La ciudadanía, en la práctica, tenía género.

Pero mientras el país avanzaba en derechos sociales y educación, también germinaba una pregunta inevitable: ¿puede llamarse democrática una nación que silencia a la mitad de su población?

El surgimiento del movimiento sufragista en Costa Rica

La lucha por el sufragio femenino no fue espontánea ni importada sin adaptación. Fue el resultado de décadas de organización, reflexión y activismo liderado por mujeres educadas, profesionales y profundamente comprometidas con el país.

En 1923 se fundó la Liga Feminista Costarricense, un hito histórico que marcó el inicio formal del movimiento sufragista. Desde allí se impulsaron campañas, escritos, conferencias y peticiones dirigidas al Estado, todas con un objetivo claro: el reconocimiento del voto femenino como un derecho ciudadano.

Ángela Acuña Braun

Abogada, escritora, diplomática y pionera del feminismo costarricense. Ángela Acuña Braun entendió el sufragio como una cuestión ética y política. No pedía privilegios, exigía igualdad ante la ley. Su voz fue incómoda para muchos sectores, pero constante y rigurosa. Gracias a su liderazgo, el feminismo costarricense adquirió forma, discurso y dirección.

Esther de Mezerville

Educadora y pensadora social. Defendió la idea de que la democracia solo podía sostenerse con ciudadanía crítica y educación integral. Su aporte conectó el derecho al voto con la formación cívica de las mujeres, ampliando el sentido del sufragio más allá de la urna.

Una red de mujeres invisibilizadas

Junto a ellas, maestras, escritoras, funcionarias y activistas sostuvieron la causa durante años. Muchas no fueron reconocidas por la historia oficial, pero escribieron cartas, organizaron encuentros y mantuvieron viva la demanda incluso cuando parecía no tener eco.

1949: el voto femenino se convierte en ley

El punto de quiebre llegó tras la Guerra Civil de 1948 y la redacción de una nueva Constitución Política. En 1949, Costa Rica reconoció oficialmente el derecho al voto de las mujeres, corrigiendo una deuda histórica.

Cuatro años después, en 1953, las mujeres costarricenses participaron por primera vez en una elección nacional. Ese acto depositar una papeleta fue el cierre simbólico de una lucha que había comenzado décadas antes.

No fue una concesión generosa del poder, sino el resultado de una presión sostenida y una convicción colectiva.

Votar hoy: un derecho que no debe darse por sentado

Con el paso del tiempo, votar se ha vuelto un acto cotidiano. Pero la historia recuerda que cada derecho puede debilitarse cuando deja de ejercerse.

La democracia no desaparece de un día para otro. Se erosiona lentamente, cuando la participación se convierte en apatía y el desinterés reemplaza la responsabilidad cívica.

Votar sigue siendo una forma de presencia. Una manera de decir estoy aquí, me importa, participo.

Este domingo 1.º de febrero, salir a votar es un acto que trasciende la preferencia política:

  • Es honrar a quienes lucharon cuando no tenían voz.
  • Es defender una democracia construida con esfuerzo.
  • Es recordar que los derechos existen solo si se ejercen.

Votar no implica perfección ni certeza absoluta. Implica compromiso con el presente y el futuro.

Democracia también es recordar

Las sufragistas costarricenses no imaginaron el voto como un gesto automático, sino como una conquista colectiva. Ejercerlo hoy es mantener viva esa conquista, porque hubo un tiempo en que votar fue un acto de valentía y sigue siendo una forma de responsabilidad histórica.