Hay una imagen que se queda contigo.
La del árbol de higos de Sylvia Plath en The Bell Jar.
Cada higo representa una vida posible: una carrera, un amor, una versión distinta de quién podrías ser.
El problema no es la falta de opciones. Es tener demasiadas.
Porque al intentar elegir una, sientes que renuncias a todas las demás. Y entonces pasa algo peor: no eliges ninguna.
Hoy seguimos sintiendo lo mismo. Queremos hacerlo todo, ser todo, vivir todas las versiones posibles de nosotras.
Y en ese intento, todo se vuelve abrumador. Cada decisión pesa más de lo que debería.
El miedo a equivocarnos nos deja en pausa. Pensando demasiado, esperando el momento perfecto mientras el tiempo pasa.
Y como en el fig tree, los higos eventualmente caen.
Pero la vida no es tan definitiva. No existe una sola versión correcta. Podemos cambiar, intentar de nuevo, reinventarnos. Elegir algo hoy no significa perderlo todo.
Tal vez no se trata de tener todas las opciones. Sino de atrevernos a tomar una.
Porque no elegir también es una decisión. Y muchas veces, es la que más nos deja sin nada.




