En el cine en blanco y negro, el maquillaje no seguía las reglas de la belleza cotidiana. Era un lenguaje técnico, diseñado para traducirse correctamente en una imagen sin color, bajo luces intensas y lentes poco sensibles. Cada tono tenía una función específica.
Los colores que sí se usaban y por qué
Labios
En el cine en blanco y negro, los labiales no se elegían por gusto estético, sino por contraste. Tonos como azules profundos, morados, borgoñas e incluso negros lograban que los labios se vieran definidos y voluminosos en cámara. En cambio, los colores claros o rosados tendían a desaparecer por completo. El objetivo era simple pero crucial: que los labios “existieran” dentro de la escala de grises.
Ojos
La mirada debía leerse con fuerza y claridad. Por eso se utilizaban negros, grises oscuros y marrones profundos, capaces de aportar profundidad al rostro. Las sombras suaves o satinadas no funcionaban bajo la intensa iluminación de los estudios, ya que se perdían fácilmente. El delineado, entonces, se volvía grueso y marcado, evitando que los ojos se vieran planos o sin expresión.
Piel
La base no buscaba naturalidad, sino control de la luz. Se aplicaban bases muy claras, a veces con subtonos amarillos, verdosos o grisáceos, pensadas para compensar la forma en que la película captaba el rostro. El uso de polvo era indispensable: una piel brillante podía “quemarse” bajo los focos y literalmente desaparecer en cámara.
Contorno y rubor
Nada en este maquillaje era sutil. Los pómulos se marcaban con tonos oscuros y fríos para crear estructura y definición facial. El rubor tampoco era rosado; se preferían tonos marrón, ciruela o rojizos muy profundos, que en blanco y negro se traducían como dimensión y relieve.
¿Cuándo empezó a cambiar este tipo de maquillaje?
El gran punto de quiebre llegó con la introducción del cine en color, a finales de los años treinta y, sobre todo, durante las décadas de los cuarenta y cincuenta. Con la llegada del color, los labiales pudieron ser verdaderamente rojos, las sombras comenzaron a suavizarse y la piel empezó a verse más natural. El maquillaje dejó de ser una corrección técnica extrema y se transformó en una herramienta estética al servicio del estilo, la moda y la identidad de cada intérprete.
De técnica a estética
Lo fascinante es que muchas decisiones del maquillaje clásico nacieron por necesidad, no por tendencia. Sin embargo, ese lenguaje visual labios definidos, miradas intensas, rostros esculpidos terminó creando el ideal de glamour que hoy seguimos asociando al cine clásico.




