En nuestro día uno de Copenhagen Fashion Week, fuimos testigos de una de las propuestas más intensas y provocadoras de la semana: Han Kjøbenhavn presentó Corrosion, una colección que se aleja por completo de lo convencional para sumergirnos en un universo oscuro, underground y profundamente experimental.
Bajo la dirección creativa de Jannik Wikkelsø Davidsen, la firma danesa transformó el desfile en una experiencia inmersiva donde la moda dejó de ser solo vestimenta para convertirse en lenguaje. Desde el primer look, Corrosion nos llevó a un territorio incómodo pero hipnótico, marcado por siluetas poco familiares, volúmenes extremos y una fuerte carga conceptual.
La experiencia se vio potenciada por la presencia del artista D1MA, quien presentó una performance sonora en vivo compuesta por cinco piezas pensadas exclusivamente para Corrosion. Su intervención no funcionó como un simple acompañamiento musical, sino como un elemento narrativo que intensificó la atmósfera oscura e industrial del show. El sonido envolvente, crudo y experimental dialogaba directamente con las siluetas y los materiales, reforzando la sensación de inmersión total y convirtiendo la pasarela en un espacio donde moda y performance se fusionaron en un solo lenguaje.
Uno de los elementos más impactantes de la colección fue el uso constante de figuras geométricas y estructuras rígidas que parecían casi arquitectónicas. Las siluetas rompían con la forma tradicional del cuerpo, creando piezas que no buscan adornar, sino imponer presencia. Este enfoque se reforzó con una decisión clave: la mayoría de los modelos tenían el rostro cubierto, permitiendo que solo a unos pocos se les pudiera ver la cara. La intención era clara: eliminar la identidad individual para obligarnos a mirar el diseño, la construcción y el mensaje, no a quien lo porta.
La elección de materiales fue igual de significativa. La colección transitó entre abrigos oversized de texturas suaves y “fluffy”, que evocaban una falsa sensación de confort, y textiles corrugados, rígidos y visualmente pesados, que aportaban tensión y contraste. Esta dualidad entre lo blando y lo duro fue constante a lo largo del desfile, reforzando la narrativa de fricción y desgaste que sugiere el nombre Corrosion.
Las máscaras jugaron un papel central en la propuesta. Desde diseños completamente cubiertos hasta estructuras geométricas como una máscara triangular que mandaba inevitablemente a referencias visuales tipo Silent Hill, estos elementos aportaron una dimensión inquietante y casi distópica al show. Más que accesorios, funcionaron como extensiones del concepto: anonimato, deshumanización y transformación.
Claramente, Corrosion no es una colección pensada para complacer a todos. No busca ser fácil ni inmediata. Sin embargo, ahí radica su fuerza. Es una propuesta arriesgada, innovadora y valiente, que demuestra un dominio técnico impecable. La construcción de las piezas, la precisión en la costura y la selección de materiales evidencian un nivel de detalle y trabajo artesanal que merece ser reconocido y aplaudido.
Han Kjøbenhavn volvió a confirmar que su lenguaje creativo se mueve en los márgenes, explorando lo oscuro, lo surreal y lo incómodo, pero siempre con una ejecución impecable. Corrosion no solo se vio: se sintió.




