Por May Alfaro Perchinsky
Directora y Editora, Be|Me Magazine
El 13 de febrero tuve el honor de regresar a uno de los lugares más emblemáticos de la moda: La Galerie Dior, en 30 Avenue Montaigne, París.
Había estado hace dos años, pero esta vez fue distinto. Esta vez fui invitada por la Maison. Y cuando una casa como Dior te abre las puertas de su historia, la experiencia se siente todavía más íntima.
Si amas la moda si realmente te interesa entender de dónde nacen las siluetas, los códigos y la construcción de una pieza este lugar es imprescindible.
Donde todo comenzó
El recorrido inicia con la historia de Christian Dior, desde sus primeros años hasta la fundación de su Maison en 1946.
Uno de los relatos más simbólicos es el de la pequeña estrella metálica que encontró en la rue du Faubourg Saint-Honoré antes de reunirse con Marcel Boussac, quien financiaría su casa. Dior interpretó ese hallazgo como una señal del destino. Desde entonces, la estrella se convirtió en su amuleto.
En 1947 presentó su primera colección, conocida como el New Look: cinturas ceñidas, faldas amplias y una feminidad estructurada que transformó la moda de la posguerra y consolidó a París como capital indiscutible del estilo.
Una casa que evoluciona
La historia continúa a través de los directores creativos que han reinterpretado los códigos de la Maison:
• Christian Dior (1946–1957)
• Yves Saint Laurent (1957–1960)
• Marc Bohan (1960–1989)
• Gianfranco Ferré (1989–1997)
• John Galliano (1997–2011)
• Raf Simons (2012–2015)
• Maria Grazia Chiuri (2016–2025)
• Jonathan Anderson (2025–actualidad)
Caminar por esas salas es entender que Dior no es una sola estética, sino una conversación entre generaciones. Desde el dramatismo teatral de Galliano hasta la sensibilidad contemporánea de las colecciones actuales, todo dialoga con el legado original.
El atelier: donde todo comienza en blanco
Uno de los momentos más impactantes del recorrido es la zona dedicada al atelier.
Las piezas inician en blanco, en toile. Prototipos, estructuras, vestidos a medio construir que revelan el proceso detrás de la alta costura.
Durante nuestra visita estaban trabajando en vivo, explicando cómo el fragmento de tela que sostenía formaba parte del vestido final expuesto justo al lado. Ver la idea y la obra terminada en el mismo espacio cambia la perspectiva: la belleza no es casualidad, es precisión, técnica y tiempo.
De la luz al anochecer
Mi parte favorita, sin duda, es la sala donde decenas de vestidos de gala parecen suspendidos en el aire.
La iluminación evoluciona gradualmente, como un ciclo completo del día: del amanecer al atardecer, hasta caer en un anochecer profundo. Los colores cambian, las sombras se intensifican y cada vestido adquiere una nueva dimensión.
Es una experiencia casi cinematográfica. Una de las puestas más impresionantes que he visto en moda.
Dior más allá de la pasarela
La galería también muestra la evolución de los perfumes desde Miss Dior (1947) hasta íconos como J’adore, con campañas históricas proyectadas en el recorrido. Ver comerciales de distintas épocas y la transición hacia las versiones más actuales evidencia cómo la Maison ha sabido reinterpretarse culturalmente sin perder identidad.
Se exhiben además piezas usadas por figuras como Lady Di y creaciones contemporáneas vistas en alfombras rojas recientes, demostrando que Dior no solo pertenece a los archivos: pertenece al presente.
En una de las salas también se encuentra una pared cubierta de portadas de revistas de distintas décadas donde Dior ha sido protagonista. Como directora de una revista, fue inevitable detenerme allí unos minutos más. La moda no solo se diseña; se documenta, se comunica y se convierte en memoria colectiva a través de la edición.
Una experiencia viva
Aunque la narrativa del museo se mantiene, algunas piezas y exhibiciones rotan con el tiempo. En mi visita actual estaba presente la muestra dedicada a la colección Dior de Azzedine Alaïa, algo que no había visto anteriormente.
Eso hace que el recorrido esté vivo. Siempre hay algo nuevo que descubrir.
La Galerie Dior no es solo un museo de vestidos. Es una lección sobre legado, disciplina y evolución creativa.
Incluso si no eres experto en moda, sales entendiendo algo esencial: detrás de cada silueta hay historia, estructura y visión.
Y si amas la moda, este lugar te deja con una certeza:
La belleza se construye.
Y cuando se construye bien, trasciende generaciones.




