Skip to main content

Hay marcas que tienen una identidad tan fuerte que basta ver un estampado para reconocerlas inmediatamente. Y pocas han logrado eso tan bien como Emilio Pucci.

Porque aunque hoy asociamos la marca con vacaciones en la costa italiana, beach clubs, pañuelos de seda y sets llenos de color, la realidad es que detrás de ese universo existe una historia muchísimo más interesante de lo que parece.

Pucci no solo creó estampados bonitos. Creó una estética completa alrededor del verano, el movimiento, el lujo relajado y esa sensación aspiracional que todavía hoy sigue dominando Pinterest, TikTok y las campañas de moda cada vez que empieza la temporada vacacional.

Y honestamente, pocas marcas han logrado mantenerse tan vigentes dentro de una estética tan específica.

Todo empezó con Emilio Pucci, un aristócrata italiano que originalmente no planeaba dedicarse a la moda. De hecho, antes de convertirse en diseñador, era esquiador profesional y piloto durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero fue justamente el ski lo que terminó acercándolo a la moda.

En los años 40, Pucci diseñó un traje de ski mucho más funcional y elegante para una amiga, y una fotografía de esa pieza llamó la atención de fotógrafos y editores de moda estadounidenses. Poco tiempo después, comenzó a diseñar ropa femenina y eventualmente fundó su propia marca en Florencia.

Y ahí empezó todo.

Mientras muchas marcas de lujo de la época seguían apostando por estructuras rígidas y una elegancia mucho más clásica, Pucci hizo algo completamente distinto: empezó a diseñar pensando en el movimiento, la libertad y el estilo de vida de las mujeres que viajaban, vacacionaban y querían sentirse cómodas sin perder glamour.

Sus piezas eran ligeras, llenas de color y muchísimo más relajadas que lo que normalmente dominaba la moda de lujo en ese momento.

Pero claramente, lo que terminó convirtiéndose en el ADN absoluto de la marca fueron sus estampados.

Esos prints psicodélicos llenos de remolinos, formas geométricas y mezclas de color nacieron inspirados en paisajes mediterráneos, el arte, el movimiento y hasta la energía de la vida nocturna italiana.

Turquesas, rosados, verdes, naranjas y morados empezaron a aparecer juntos de maneras que en ese momento se sentían completamente nuevas.

Y aunque hoy estamos acostumbrados a ver estampados maximalistas constantemente, en los años 50 y 60 lo que hacía Pucci era revolucionario.